Global Risks Report 2026: los datos que confirman que el riesgo ya es estructural
Cada año, coincidiendo con Davos, el World Economic Forum publica su informe de riesgos globales. Es el resultado de la visión agregada de más de mil trescientos expertos de la empresa, la academia, el sector público y la sociedad civil.
La edición 2026 deja una idea clara desde el inicio: vivimos un momento de inflexión. Fragmentación geopolítica, crisis climática, desinformación, presión social y disrupción tecnológica ya no actúan por separado. Forman parte de un sistema global profundamente interconectado… y cada vez más vulnerable.
En este contexto, los grandes foros internacionales coinciden en una misma lectura: el riesgo ha dejado de ser excepcional para convertirse en estructural. Y cuando el riesgo es estructural, también lo debe ser la respuesta. Las organizaciones se ven obligadas a replantear cómo piensan, cómo deciden y cómo evolucionan.
Es necesario transformarse hacia una mentalidad y sistema regenerativos.
Un nuevo mapa de riesgos: del presente al largo plazo
Presente inmediato: volatilidad operativa
En el horizonte inmediato, el informe describe un entorno marcado por la confrontación geoeconómica, los conflictos entre Estados, los fenómenos climáticos extremos y una polarización social persistente. El impacto no es abstracto ni lejano.
En este escenario, el reto principal ya no es únicamente la eficiencia. Es la capacidad de operar en contextos volátiles sin perder legitimidad ni coherencia.
En lugar de buscar solo la eficiencia, el marco regenerativo guía esfuerzos de intervención específicos para disminuir los riesgos en múltiples contextos.
Corto y medio plazo: la inestabilidad como norma
Cuando ampliamos la mirada hacia el corto y medio plazo, estas tensiones dejan de parecer coyunturales. Se integran en lo que muchos empiezan a llamar el "nuevo normal". La desinformación, amplificada por la tecnología. La desigualdad social profundiza la polarización. Los riesgos económicos vinculados a la volatilidad financiera y la fragilidad de los mercados ganan protagonismo. La inestabilidad no desaparece: se consolida.
Para superar la inestabilidad a mediano plazo, un enfoque regenerativo utiliza factores de protección de los recursos internos y externos, que compensan o moderan los resultados negativos de los riesgos sociales y económicos
Largo plazo: los límites del planeta en el centro
Si proyectamos aún más lejos, el informe desplaza el foco hacia los límites del planeta. Los riesgos ambientales pasan al centro del escenario. El clima extremo, la pérdida de biodiversidad y las alteraciones profundas de los sistemas naturales se convierten en los principales factores de disrupción global. No como un problema ambiental aislado, sino como un riesgo sistémico que condiciona economías, territorios, cadenas de valor y cohesión social.
Las fuentes indican que el enfoque tradicional de sostenibilidad no es suficiente para superar el agotamiento de los recursos naturales. La regeneración ofrece un paradigma de redesarrollo y renovación que no se limita a "mantener" lo que queda, sino que diseña planes para generar una ecología resiliente capaz de restaurar los sistemas naturales.
Liderar cuando el riesgo es sistémico
En un contexto así, el liderazgo empresarial adquiere una dimensión diferente. Ya no se trata solo de gestionar riesgos, sino de contribuir activamente a la estabilidad del sistema del que la organización forma parte. Reconstruir confianza en entornos polarizados. Integrar la tecnología —y especialmente la inteligencia artificial— con criterios éticos, sociales y humanos.
Los problemas de liderazgo se resuelven cuando los líderes adoptan una mentalidad regenerativa, enfocando sus esfuerzos en transformar los climas organizacionales internos y los procesos de toma de decisiones para evolucionar proactivamente dentro de un sistema global vulnerable.
Mientras los modelos tradicionales intentan optimizar organizaciones dentro de sistemas agotados, la regeneración propone algo distinto: diseñar organizaciones que fortalezcan los sistemas vivos —sociales, económicos y ecológicos— de los que dependen.
Estrategia Viva: aprender, adaptarse, evolucionar
Estrategia Viva entiende la estrategia no como un plan cerrado, sino como un sistema vivo, capaz de aprender, adaptarse y evolucionar en tiempo real. No se trata solo de anticipar riesgos, sino de desarrollar capacidades internas para navegar la complejidad.
En un entorno de riesgo estructural, las organizaciones necesitan:
Sensibilidad para detectar señales débiles antes de que se conviertan en crisis
Flexibilidad para reconfigurar operaciones sin perder identidad
Capacidad de aprendizaje continuo integrada en su cultura
Coherencia entre propósito declarado y decisiones cotidianas
Estrategia Viva hace posible esta co-evolución consciente.
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