Cuando los ciudadanos comunican: activismo climático en Cataluña como ecosistema estratégico
Una pregunta que importa: ¿quién comunica sobre el clima?
Cuando pensamos en comunicación estratégica sobre el cambio climático, solemos imaginar lo mismo: grandes organizaciones, campañas institucionales, departamentos de comunicación con recursos, portavoces reconocidos. El Govern. Una ONG internacional. Una empresa que quiere mostrar su compromiso ambiental.
Pero la disputa pública sobre la crisis climática no ocurre solo ahí. Ocurre también — y de manera muy significativa — en redes cívicas locales, coaliciones territoriales, plataformas semiformales que no tienen gabinete de prensa ni presupuesto de comunicación, pero que construyen relatos, articulan alianzas y generan visibilidad de formas que las instituciones no siempre pueden ni saben hacer.
Esa es la pregunta de partida de una investigación que Marc Compte-Pujol y Evandro Oliveira presentaron el 10 de abril en el Congreso Internacional de Investigación en Comunicación de la Societat Catalana de Comunicació (SCC): ¿qué papel juegan las plataformas ciudadanas en el activismo climático catalán como actores de comunicación estratégica?
Evandro Oliveira, fundador de Gaudere y investigador vinculado a LabCom — Universidade da Beira Interior, ha desarrollado una línea de investigación sólida sobre comunicación estratégica, activismo y organizaciones civiles. Esta investigación, coautorada con Marc Compte-Pujol, prolonga esa mirada hacia un objeto de estudio especialmente relevante en el contexto catalán: las plataformas y colectivos que articulan el activismo climático desde abajo.
La investigación se inscribe en el eje central del congreso de este año: Comunicació, canvi climàtic i justícia social: reptes i tendències — y propone algo que no es evidente pero que, una vez dicho, parece necesario: entender el activismo climático como un ecosistema distribuido de comunicación, donde los actores cívicos son comunicadores estratégicos por derecho propio.
El campo de estudio: 468 actores, un ecosistema heterogéneo
La investigación parte de una base de datos de aproximadamente 468 actores vinculados al activismo climático en Cataluña. Organizaciones formales, colectivos informales, plataformas ciudadanas, coaliciones territoriales, iniciativas semiformales. Un mapa amplio y heterogéneo que refleja la realidad de cómo se organiza la acción colectiva en torno al clima.
Los investigadores clasifican a estos actores según su forma organizativa, su posición en la red y su enfoque temático, y analizan cómo construyen sus infraestructuras comunicativas, cómo consiguen —o no— visibilidad en los medios catalanes, y qué estrategias de comunicación desarrollan en contextos de recursos limitados.
Los resultados preliminares apuntan a un campo desigualmente institucionalizado donde las plataformas ciudadanas actúan como nodos intermediarios: conectan conflictos locales concretos — una urbanización, una infraestructura, un espacio natural amenazado — con relatos climáticos más amplios y con espacios mediáticos que, de otro modo, no los tendrían en cuenta.
El marco teórico: cuatro miradas que se complementan
Lo que hace especialmente interesante esta investigación, desde el punto de vista conceptual, es la combinación de marcos teóricos que propone. Se construye un enfoque integrador que permite ver el fenómeno en toda su complejidad.
La comunicación estratégica ha tendido a pensar en términos de díada: una organización, unos públicos. Pero el activismo climático contemporáneo rompe ese esquema. No tiene centro, no tiene portavoz único, no tiene estrategia unificada en el sentido tradicional. Y sin embargo es profundamente estratégico.
A esto se suma el concepto de relaciones cívicas de Evandro Oliveira. La articulación simbólica entre actores que comparten un espacio de disputa común — donde la legitimidad se construye; y donde la coherencia entre discurso y acción sostenida en el tiempo es la única moneda que vale.
La teoría de la acción conectiva de Bennett y Segerberg permite entender formas de movilización que no se basan en jerarquías estables ni en membresías formales, sino en coordinaciones flexibles, participación personalizada e infraestructuras digitales. Es decir, formas de acción colectiva que funcionan de manera muy diferente a como funcionaba el movimiento obrero o los partidos políticos — y que son muy reconocibles en el activismo climático contemporáneo.
La teoría de las infraestructuras de comunicación de Kim y Ball-Rokeach aporta una comprensión de cómo la implicación cívica se sostiene a través de redes narrativas que conectan actores locales, canales comunitarios y entornos mediáticos. No es solo lo que se dice, sino cómo circula y a través de qué conexiones.
Los trabajos de Ciszek sobre relaciones públicas activistas abren la definición de comunicación estratégica para incluir disidencia, movilización y autoorganización cívica — algo que los marcos más corporativos de la disciplina tienden a dejar fuera.
Y Della Porta y Parks permiten incorporar la perspectiva de la justicia climática: el activismo no es solo una respuesta a la crisis ambiental, sino también un espacio de disputa simbólica atravesado por desigualdades sociales y territoriales. No todo el mundo sufre igual el cambio climático. Y no todo el mundo tiene el mismo acceso a los espacios donde se debate qué hacer.
Lo que esta investigación nos dice sobre comunicación estratégica
Hay una implicación de fondo en esta investigación que va más allá del caso catalán o del activismo climático: la comunicación estratégica no es patrimonio exclusivo de las organizaciones grandes, formalizadas y con recursos.
Cuando una plataforma vecinal consigue que un proyecto de infraestructura se detenga, o que un conflicto local aparezca en los informativos, o que su relato sobre el impacto de la sequía reencuadre el debate público — está haciendo comunicación estratégica. Sin denominarlo así. Sin tener un plan de comunicación en un documento.
Reconocer eso tiene implicaciones prácticas importantes: para cómo diseñamos estrategias de comunicación, para cómo entendemos la legitimidad de diferentes voces en el debate público, y para cómo pensamos el acompañamiento a organizaciones que quieren actuar con coherencia en el espacio público.
Desde Gaudere Academia, nos interesa especialmente este punto de conexión entre investigación académica y práctica real. Porque entender cómo funcionan los ecosistemas de comunicación — quién conecta con quién, cómo se construyen relatos colectivos, cómo se sostiene la acción en el tiempo — es también entender cómo se transforma una organización desde adentro.
Y si quieres explorar cómo estas ideas conectan con el trabajo de comunicación y transformación que hacemos en Gaudere, escríbenos.